Que nadie espere una explosión de talento en esta entrada de mi blog, porque no la hay. Miento, sí la hay, pero no corre de mi cuenta. De hecho, no acostumbro a escribir acá, pero me quemaba la necesidad. En estas fotos que ahora veréis no hay mujeres tatuadas, ni hipsters calzando creepers, no hay gritos captados al aire, no hay negros que rapean ni modelos escuálidas en la espera de un backstage. Es la casa de Frida Kahlo todo lo que vais a ver. Un recorrido por su intimidad, por la suya y la de Diego Rivera. Una intimidad conjunta de lo más inspiradora. La neurosis entre el optimismo y la resignación, el color en su máxima expresión, el orden, lo meticuloso. Basta un paseo por el interior de la Casa Azul para entender parte de la compleja intelectualidad de Frida Kahlo y para admirarla todavía más: su caligrafía, las cartas de amor, su erótica encubierta, sus pinturas sobre la mesa del estudio, el espejo sobre su cama que su madre colocó para que pudiera autorretratarse... 

"Te quiero rete harto y no sé decírtelo."


















"Pies, para qué los quiero, si tengo alas pa' volar."

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