Mis pies se iban hundiendo en la arena de una playa que aún en diciembre, estaba llena de gente. Clavé mis ojos en ella, desde bien lejos. Me iba acercando con mi cámara en mano, fantaseando con la idea de que aquella mujer era una vieja estrella del porno americano. Sus labios rosas pintados como por obligación de coquetería y sus uñas ultralargas pedían a gritos que disparara. Lo hice, durante algunos minutos, pero me vio. Dejó de bailar. Aquella mujer tenía que ser de Venice de toda la vida. Se acercó hasta mí y empezó a posar, a tocarse las tetas, a ponerme "morritos". Cuando hizo todo eso, me pidió un dollar por cada foto tomada. Definitivamente, alguien con tanto descaro, debió ser actriz porno.

3 comentarios:

  1. que buenas las fotos!!!

    y el texto....sencillamente, espectacular!!!

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  2. por cierto, te debo un partido de futbol!!!

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  3. me encantan estos personajes de vidas intensas

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